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lunes, 17 de enero de 2022

Me equivoqué

           Sí, me equivoqué. Me equivoqué cuando hace casi dos años escribí el último post que ha visto la luz en este blog. Pensaba entonces que “el coronavirus pasará, pero el futuro de nuestro País, Euzkadi, dependerá del esfuerzo de cada persona en colaboración con el resto de ciudadanía, asociaciones, empresas e instituciones de autogobierno”. Creía y sigo creyendo que solo de este modo podremos conseguir mejores niveles de salud, trabajo y bienestar para todos. Y concluí aquel post con una esperanza “como en otras ocasiones también ahora lo conseguiremos. Seguro”.

        Hoy, tengo más necesidad de creer que seguridad en que eso vaya a ser así. El comportamiento de nuestra sociedad en su conjunto, cada uno con nuestra cuota de responsabilidad, no ha sido precisamente de ayudar. El espíritu colaborativo que siempre ha caracterizado a la sociedad vasca, el Auzolan, salvo en los primeros momentos de agobio social, ha brillado por su ausencia y ha sido sustituido por un “y de lo mío qué” ejemplo de un preocupante reforzamiento de un egoísmo, individual y gremial, en nuestra sociedad. Eso cuando no hemos asumido el papel de “sabios muy sabios”, o directamente “sabelotodos”, y nos hemos dedicado a criticar a diestro y siniestro y, sobre todos, a quienes han tenido y tienen la responsabilidad de gobernar esta sociedad, principalmente en el ámbito sanitario, sin el más mínimo contraste entre medidas “arreglatodo” y realidad de nuestro entorno.

viernes, 29 de marzo de 2013

¿Sanidad o ladrillos?

            Esta u otra elección parecida, era la que se nos ofrecía a los estudiantes de primer año en la Facultad de Económicas de Sarriko, para ilustrar aquello de que la Economía es la Ciencia encargada del estudio de la asignación eficiente de recursos escasos susceptibles de usos alternativos.

            Pero no es la Ciencia Económica, ni el reparto de asignaciones entre las diversas partidas de los  Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma de Euskadi, tan de actualidad en estos días, lo que me ha animado a escribir este artículo. O, al menos, no directamente.

            El origen no ha sido otro que una noticia leída el pasado viernes en la prensa local. Según la misma, el Consejo de Gobierno de la UPV-EHU acababa de aprobar una reducción en el “numerus clausus” de la Facultad de Medicina para el próximo año, pasando de alumnos de los 350 inscritos en el curso pasado a los 250 que estiman como oportuno inscribir para el próximo curso. La noticia añadía que también la Escuela de Enfermería de Donosti y la Facultad de Odontología podrían ver reducido su número de alumnos, si se llevasen a efecto las pretensiones del citado órgano universitario. No obstante, la última palabra la tendrían, según la misma información, el Gobierno Vasco y la Conferencia General de Política Universitaria.