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viernes, 18 de octubre de 2024

Alderdia gara. Zein Alderdi?

 

“Alderdia gara” fue el lema utilizado por el Partido Nacionalista Vasco para convocar el último Alderdi Eguna. Un lema que, según sus organizadores, venía a destacar el papel fundamental que deberían tener las bases de EAJ-PNV en el proceso de reflexión interna cuyos ejes fundamentales se iban a anunciar el último domingo de septiembre. Sin embargo, algunos de quienes allí estuvimos, observamos cómo el “gara” dejaba de tener un sentido aglutinador, participativo, para pasar a tener el sentido contrapuesto al “zarete”. En vez de anunciar un proceso participativo, lo que Andoni Ortuzar hizo, desde la posición de ser “haiek” (él y el resto del Pleno del EBB) el Partido, fue dar el pistoletazo a una carrera de personas, personas y personas para obtener el poder en el Partido sin saber para qué se van a utilizar estos: el poder y el Partido. 

sábado, 28 de septiembre de 2019

Euzkadi debe recuperar su norte



            El pasado sábado 7 de septiembre José Félix Azurmendi publicó un artículo en DEIA bajo el título ”Los historiadores vascos no están enfermos”, en él recogía que “Arzalluz eligió para mensaje último, si no epitafio, que él, como Juanito Celaya, que es a quien se lo escuchó, se sentía enfermizamente vasco” y apoyado una serie de datos recientes argumentaba que el nacionalismo vasco, a diferencia de lo que está ocurriendo en Catalunya no tiene historiadores de cabecera, es decir, historiadores que cuenten la historia desde aquí y no como nos la quieren hacer ver y escribir desde el Estado. Afirmaba también en ese artículo Azurmendi que “la mayor parte de nuestros historiadores profesionales y no pocos de nuestros políticos parecen libres de esa enfermedad”. Parecería haber leído el artículo que en el periódico de aquel día se publicaba a su izquierda. El artículo no era otro que el que bajo el título “Gallinero” firmaba el miembro del Euzkadi Buru Batzar del PNV Koldo Mediavilla, donde el autor pegaba un repaso a las noticias existentes a la vuelta de vacaciones, argumentando que el mundo parecía un auténtico gallinero. Para acabar su escrito enumeraba las incertidumbres que oteaba en el horizonte temporal próximo: “La desaceleración económica advierte de una nueva crisis. La recesión en Alemania es ya un síntoma febril del enfriamiento de la economía. La proximidad del Brexit duro. La guerra comercial entre China y Estados Unidos. La delicada situación geoestratégica en Oriente Próximo con Irán como protagonista.”. Y añadía: “Y, en casa, la Diada catalana, la próxima sentencia a los imputados del procés, la corrupción popular…”. Por mucho afecto que los abertzales tengamos con el nacionalismo catalán, la Diada y el procés, no creo que ninguno de esos asuntos ni, menos aún, la corrupción popular sean temas de nuestra casa. Seguramente fue un desliz, pero en otros tiempos no se hubiese producido.

jueves, 28 de mayo de 2015

Cristianos y Abertzales


Recuerdo cuando en las clases de Religión impartidas en la escuela Carlos VII y en el Patronato en Sestao se enseñaba el Catecismo. ¿Eres cristiano?, era una de las primeras preguntas. “Soy cristiano por la gracia de Dios”, era la respuesta correcta. La siguiente pregunta venía seguida, ¿Qué quiere decir cristiano?, y la respuesta no podía esperar ni un segundo, salvo que quisieras optar a un viaje al pasillo para lo que retaba de clase o a un calentamiento inmediato de cara u oreja, según tocase aquél día: “Cristiano quiere decir discípulo de Cristo”. Afortunadamente, nuestros hijos no han sido obligados a estudiar la Religión como asignatura y no sería de extrañar que, si alguien les formulase hoy en día la segunda pregunta, e inmediatamente tratase de enseñarles la respuesta buena (Cristiano quiere decir discípulo de Cristo), la contestación que obtuviera fuese: “Pues entonces no queda ninguno. Jesús tuvo 12 Apóstoles, uno de ellos le traicionó y hace ya varios siglos que murieron”.

            Esta contestación, aunque pudiera resultar impertinente a los oídos de quien formulase la pregunta, sería plenamente coincidente con la primera acepción que la Real Academia de la Lengua Española hace de la palabra discípulo: persona que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro. Estoy seguro de que un catequista de hoy en día se esforzaría en explicar que existe una segunda acepción de dicha palabra (persona que sigue la opinión de una escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a los maestros que la establecieron) y que, continuaría, un buen cristiano no es sólo aquel que sigue las enseñanzas de Cristo, sino que las trata de poner en práctica en el día a día. No me extrañaría nada si la conversación siguiese por derroteros de qué personas son buenos cristianos hoy en día, si se las ostentaciones de la curia romana son de buen cristiano, si son igual de buenos cristianos los jesuitas y los del Opus-Dei, si Rouco Varela, que pretende echar a unas mojas de una casa para ocuparla él, lo es, etc. Seguro que la conversación daría para mucho.

            A estas alturas cualquiera de mis amigos que esté leyendo este artículo estará pensando que me he dado un golpe en la cabeza, que qué hago yo hablando del catecismo y de la Iglesia. Pero, la realidad es que ha sido uno de ellos el que ha hecho que vengan a mi memoria estos recuerdos y reflexiones. La “culpa” la tiene quien el lunes, tras las elecciones, a modo de provocación dialéctica, en el grupo de WhatsApp de la cuadrilla, escribió: “Hace 2 minutos en TV1: el independentismo ha sufrido una gran derrota, tanto en Cataluña, como en el País Vasco”. Mi respuesta también fue provocadora: “Van a tener razón. Al menos en Euzkadi”.