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martes, 21 de marzo de 2023

Pensiones vascas, caja única de la seguridad social y Cupo: medias verdades y dobles mentiras

 

En un sistema democrático que, por definición, reconoce la existencia de diversas ideologías, se debe estar abierto a escuchar distintos enfoques sobre los elementos que configuran nuestra vida social. Cada agente político, económico o social está en su derecho de explicar cómo ve la sociedad y cuáles son las recetas que, desde su punto de vista, sería necesario aplicar para que esa sociedad se parezca cada día más a la correspondiente a su ideario. Lo que no es de recibo es que ese análisis se haga desde la mentira o, peor aún, desde la consciente utilización de medias verdades que acaban siendo dobles mentiras. Pero, por desgracia, ésta es la actitud que hoy en día impregna la mayoría de los temas a debate en la política española y más cuando desde posiciones ultracentralistas se tratan temas vascos como el Concierto Económico y el Cupo. En el último episodio se han añadido como aderezo el déficit de la Seguridad Social y las pensiones de los vascos para asegurar que el déficit del sistema de pensiones lo pagan todos los españoles con sus impuestos, menos los vascos y los navarros.

El ideólogo de esta falsedad es el economista televisivo Juan Ramón Rallo y el origen el artículo “Haciéndonos cargo de las pensiones vascas y navarras” publicado en el Confidencial  el 15-10-2021. Según Rallo, el Estado había transferido a la Seguridad Social 36.300 millones de euros para que los contribuyentes se hiciesen cargo de una parte de sus gastos impropios. A partir de ahí, utilizando un erróneo concepto de Cupo, afirmaba que el correspondiente a ese año debiera incrementarse, según sus cálculos, entre 1.800 y 2.100 millones de euros para la Comunidad Autónoma Vasca y entre 500 y 540 MM€ para Navarra. Como el Cupo no se iba a aumentar eso suponía, según él, que los ciudadanos de ambas comunidades autónomas estaban recibiendo un “regalo” a costa de los contribuyentes del resto de España. 

jueves, 31 de marzo de 2022

Cuando se olvida la historia se desaparece como pueblo

 

            El pasado 24 de febrero Rusia invadió Ucrania dando comienzo a una guerra que tras más de un mes de confrontación computa ya miles de muertos y millones de desplazados. Una guerra que está teniendo consecuencias económicas mundiales y cuyo fin no se atisba próximo, aunque haya quienes que opinen que el mes de abril pueda ser crucial para la evolución de la contienda en función de las necesidades logísticas del ejército ruso en su avance. Pero, pase lo que pase en abril, lo que ya ha ocurrido marcará sin duda la vida de varias generaciones de ucranianos que han visto cómo vecinos, amigos o familiares han muerto o se han visto obligados a salir de su País porque las casas y las ciudades en las que vivían han quedado destrozadas por el ejército ruso. Deberán empezar de nuevo en Ucrania, los que resistan, o en otra parte de mundo, los obligados a abandonarlo todo. Les han destrozado su vida y eso no se olvida.

            Nuestro pueblo en 1936 también sufrió las veleidades de un dictador. No se llamaba Putin, sino Franco y el ejército ocupante no fue el ruso, sino el sublevado ejército “nacional” español. También padeció miles de muertos y exiliados, y el bombardeo de decenas de pueblos y ciudades siendo el más emblemático el de Gernika que quedó arrasada por los colaboradores internacionales del dictador, pero que la propaganda franquista atribuyó a los nacionalistas vascos. Los responsables institucionales de Euzkadi se vieron abocados al exilio con el Lehendakari Jose Antonio Aguirre a la cabeza, aunque también los hubo que fueron fusilados, como el Consejero de Sanidad Alfredo Espinosa. Los líderes de los distintos partidos políticos también tuvieron que salir, pero algunos se quedaron junto a su pueblo y fueron fusilados o sufrieron cárcel, trabajos forzados o destierro como el resto de las personas que habían luchado contra los sublevados. Al final de la guerra se expoliaron propiedades que se repartieron entre los fieles seguidores del régimen, se persiguió el euskera y cualquier demostración relacionada con la cultura vasca. Quienes aquí se quedaron sufrieron cuarenta años de dictadura y opresión asfixiante mantenida y/o consentida primero por los instigadores de la Segunda Guerra Mundial y más tarde por quienes se impusieron en esa contienda. Y eso no se olvida.